La vida está llena de segundas oportunidades y de eso sabe mucho Julia, la protagonista de esta historia que habla acerca del amor verdadero, la amistad y muy especialmente acerca de la relación entre padres e hijas. En este sentido se podría decir que la novela trata de las cuestiones por las que merece la pena vivir. Desde el primer párrafo donde Julia charla con Stanley, su mejor amigo, hasta un punto y final que te deja con ganas de más, el lector es partícipe de un texto muy original que te hará reír y también llorar hasta el punto de que no querrás cerrar el libro. El autor plantea el siguiente dilema: Si tu padre llamara a la puerta de tu casa al día siguiente de su muerte, es decir, si la vida te diera el regalo de pasar unos momentos más con él, seis días para poder deciros todas las cosas nunca confesadas, para revivir todos los secretos de tu infancia, ¿no aprovecharías esa oportunidad?, ¿no aceptarías ese viaje aunque fuera absurdo? Así, Julia comenzará un viaje mágico a un pasado que ya tenía olvidado, un viaje directo a su corazón. Además, lo hará cuando al parecer ya tenía su vida organizada: buen trabajo, un apartamento propio, un novio que la quiere…

Las Cosas que no nos dijimos presume de tener unos diálogos llenos de ironía, frescura y sobre todo mucho amor. Hay pocos libros que te hagan sentir, emocionar y creer que todo es posible, tener fe en que la felicidad no es una utopía sino algo que está muy cerca suplicando que la encuentren. En mi opinión, esta novela es uno de ellos. Sinceramente si estáis pensando en leer un libro yo os recomiendo esta lectura que ya está entre los más leídos del verano plantándole cara a la saga Millenium del sueco Stieg Larsson. El culpable de este éxito literario es un autor francés llamado Marc Levy que recordemos se dio a conocer en todo el mundo con su novela Ojala fuera cierto que fue traducida a mas de 38 idiomas y se convirtió en una película. En definitiva lectores, Las Cosas que no nos dijimos que publica la editorial Planeta es un cuento y como tal nos deja su particular moraleja: una historia no acaba hasta que tu escribes el definitivo punto y final.

Texto: Arturo A.Buylla